UNIÓN ÁRABE DE CUBA

La comunidad cubano-árabe
mantiene sus vínculos filiales e históricos
con la patria de origen de sus antepasados

 

  

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Unión Árabe de Cuba

 Los Árabes en Cuba- Capítulo 3

Por Rigoberto Menéndez Paredes

 

 

Perfiles ocupacionales, composición religiosa y estructura sociofamiliar de la comunidad árabe de Cuba

 

Para analizar la tipología económica que instituyen los inmigrados árabes en nuestro país deben conocerse las ocupaciones que desempeñaban al momento de producirse la emigración y las diversas categorías mercantiles y profesionales que poseían.

 

En las estadísticas oficiales cubanas del período migratorio 1906-1913 aparece un abanico de 29 profesiones declaradas por los levantinos a los servicios aduaneros locales. Las más numerosas fueron las de labradores, comerciantes y jornaleros, aunque se destacaron asimismo los dependientes, carpinteros, albañiles, clérigos, sastres, costureras y joyeros. Algunos de estos oficios fueron continuados en el medio cubano, otros, como el de la agricultura, resultaron minoritarios.

 

Aunque la mayoría de los árabes residentes en Cuba se dedicaron al comercio, hubo también un porcentaje de propieta­rios de tierras, empleados, obreros y jornaleros.

 

La venta ambulante se desarrolló como actividad principal desde las tres últimas décadas del siglo XIX, período en el que eran muy escasos los comercios fijos administrados por árabes, lo cual indica que en esa etapa primaria se dedicaban al nomadismo comercial esencialmente.

 

Algunos inmigrantes que habían permanecido por períodos de tiempo prolongados en países prósperos de América antes de trasladarse a Cuba, y tuvieron más posibilidades de contar con dinero para invertir, lograron colocar comercio fijo y almacenes con relativa inmediatez.

 

En 1909 se amplía la magnitud de comercios, un gran porcentaje de los cuales giraba en el ramo textil; entre los más importantes aparece  el de Gabriel M. Maluf en La Habana, quien se dedicaba ya al sector mayorista importador (rubro que en años posteriores desempeñarían otros árabes).

 

Los miembros de la CAC se caracterizaron fundamentalmente por desarrollar un comercio afín al género textil, por el cual parte de la población cubana los recuerda.

 

El comercio constituyó una de las vías que a la postre permitió la inserción de los miembros de la CAC en la sociedad cubana, gracias al establecimiento de relaciones personales con clientes que formaban parte de las clases poderosas de la Isla. En sentido general la sociedad le otorgaba un reconocimiento y acogía favorablemente al inmigrante árabe en la medida en que los miembros comunitarios se tornaban importantes eslabones en la estructura socioeconómica de la nación.

 

Antes de la apertura de diversos establecimientos gastronómicos árabes en La Habana, donde único podían acudir los miembros de la CAC en todo el país para adquirir sus productos alimenticios tradicionales era en la sección de alimentación de La Verdad, de Maluf. En 1927 ya se habían creado algunos restaurantes.

 

En el interior del país los árabes se integraron a diferentes organizaciones comerciales y escalaban paulatinamente sus más altas posiciones.

 

En la década del 50 del siglo XX existía mayor cantidad de establecimientos de comida típica en el asentamiento árabe de Monte, algunos de ellos pertenecientes a inmigrantes musulmanes de Líbano llegados en ese período. La existencia de restaurantes típicos en las colonias árabes de Cuba posibilitó al inmigrante mantener con regularidad las costumbres culinarias de sus pueblos de nacimiento en un país donde las características de la alimentación son diferentes.

 

Obsérvese cómo el tipo de actividad económica de los inmigrantes árabes cubrió un abanico que incluía el comercio mayorista importador (almacenistas de sedería y quincalla) y el comercio minorista (tenderos de ropas, joyeros, corredores de joyas, dueños de fondas típicas árabes, farmacéuticos, comisionistas, zapateros, propietarios de peleterías y mueblerías), además de importadores de trigo, ganaderos y otros. Las joyerías eran propiedad de los libaneses, mientras que en el comercio de muebles se destacaron básicamente los palestinos.

 

Hacia las décadas del 40 y 50 del siglo XX algunos inmigrantes se insertan en la economía nacional como industriales y dueños de grandes propiedades, bancos y otros renglones. Sin embargo, a diferencia de otros Estados americanos, los árabes industriales de Cuba fueron un sector muy reducido.

 

Hacia el final de la década del 50 puede identificarse un grupo árabe cristiano dentro de la gran burguesía de la Isla

 

La tendencia creciente y generalizada de que los hijos de inmigrantes árabes se ocuparan de sectores y profesiones de índole científica, se explica en buena medida por la holgada situación de sus padres comerciantes e industriales, que así trataban de asegurar para sus familias una posición destacada dentro de la esfera socioclasista del país receptor.

 

En sentido general, en la CAC no se generó una transmisión a la primera generación de descendientes de las funciones comerciales, sino que se propició la inserción de los hijos en los sectores profesionales de la sociedad cubana.

 

Los descendientes en el siglo XX: la comunidad de profesionales

 

Tanto en Cuba como en el resto de los países del hemisferio americano las colectividades árabes constituyeron un modelo de integración característico: los padres se dedicaron al comercio y los hijos a profesiones científicas, a la cultura y la política.

 

Desde inicios del siglo XX se produce el ingreso de alumnos árabes o descendientes en las aulas de la Universidad de La Habana para cursar diversas carreras (Medicina, Farmacia, Derecho, Periodismo y otras disciplinas). En ese sentido habría que comenzar por aquellos inmigrantes que llegaron a Cuba siendo niños o jóvenes; en tal caso el pionero del movimiento hacia las profesiones universitarias fue el doctor Juan B. Kourí, nativo de Hadschit, Líbano, quien llegó a Cuba en 1904 con sus padres; destacados comerciantes radicados en Santiago de Cuba:

 

Los hijos del doctor Juan B. Kourí continuaron la tradición médica del padre.

 

El aporte árabe a las ciencias médicas lo corroboró el testimonio de la doctora María del Carmen Amaro, quien estudió con un grupo de descendientes en primera generación y aún mantiene vínculos laborales con algunos de ellos:

 

La presencia árabe en la Medicina cubana fue y es muy importante. Yo estudié con varios hijos de libaneses: el doctor Dip, que actualmente trabaja conmigo en la Facultad Calixto García; los hermanos Yapur. También conocí al moro Assef, quien presidió una comisión municipal médica en La Habana. Puedo mencionar a otro médico de ascendencia libanesa: el doctor Elías Jalil, miembro de una extensa familia del Líbano y que fue director del Centro de Investigaciones Médicas. En la actualidad la Unión Árabe agrupa a muchos de estos descendientes graduados de Medicina en una organización específica.

 

También hubo algunos descendientes en primera generación destacados en el campo del periodismo, como el mártir de la Revolución Félix Elmusa Agaisse, quien fuera expedicionario del yate Granma.

 

Otra profesión muy extendida entre los hijos de árabes fue la abogacía.

(Embajada de Cuba en Egipto) 14-05-2009

Participación de la comunidad y sus descendientes en la vida política, revolucionaria y cultural del país en el siglo XX

 

Los inmigrante árabes y sus descendientes cubanos se insertaron en la vida política del país como un modo de integración a la nación receptora. Algunos inmigrantes árabes y sus descendientes llegaron a ocupar puestos en el parlamento cubano anterior a 1959.

 

Hubo otros políticos de origen árabe que fueron representantes a la Cámara de la época republicana neocolonial, como el descendiente de libanés Primitivo Rodríguez Rodríguez.

 

Algunos árabes y una cantidad importante de miembros de la primera generación de descendientes desempeñaron un papel significativo en la lucha antibatistiana como miembros del Movimiento 26 de Julio, el Directorio Revolucionario y otras agrupaciones donde manifestaron una actitud patriótica.

 

Descendiente eminente en el campo cultural fue Fayad Jamis, poeta y artista plástico de padre libanés.

 

En el campo político de la Cuba socialista contemporánea se distinguen dirigentes de origen arábigo como Juan Contino Aslam, presidente del gobierno de Ciudad de La Habana; Misael Enamorado Danger, Primer Secretario del Partido Comunista en Santiago de Cuba, y los diplomáticos Isabel Allende Karam y Raúl Roa Kourí, hijo de Raúl Roa y la doctora Ada Kourí. Los ejemplos mencionados son el resultado del proceso integracionista y asimilativo de la comunidad árabe cubana.

 

Se ha citado la formación de una comunidad de profesionales, políticos y artistas entre los descendientes de los inmigrantes porque ello ilustra cómo la tendencia de los miembros de la CAC era procurar una carrera universitaria a sus hijos, en un intento integrador dentro de la sociedad a la que estos últimos sí pertenecían como ciudadanos de jure y de facto. El profesional de origen árabe en primera generación, aunque se vincula a la comunidad de donde procedía por vía paterna y/o materna, tanto desde el punto de vista asociativo o de otras esferas, como le correspondía en su condición de descendiente, era y es cubano, miembro pleno de la sociedad donde nace y se desarrolla y que sus padres habían escogido para vivir.

 

El mosaico religioso de la colectividad

 

El colectivo humano árabe asentado en Cuba abarcó a representantes de la mayoría de las confesiones del Medio Oriente como ejemplo de la diversidad religioso-comunalista que identifica la región. En el bloque migratorio de referencia hubo componentes del cristianismo: maronitas libaneses, griego­ortodoxos de Líbano, Palestina y Siria, y melquitas y protestantes libaneses; los dos grupos religiosos del Islam (sunitas y chiítas) también tuvieron representación en la Isla. De Líbano emigró además una exigua minoría de drusos.

 

La entrada de clérigos maronitas a Cuba desde finales del siglo XIX responde inicialmente a la actividad misionera desplegada por el patriarca Elías Hoyek aprovechando la creciente presencia de emigrados maronitas libaneses en el hemisferio americano.

 

A fines de la década del 30 la dirección de los oficios eclesiásticos quedó en manos del libanés monseñor José K. Aramuni, quien había llegado a Cuba designado por Roma como Visitador Apostólico de los cristianos orientales residentes en nuestro país.

 

Dentro de la actividad de Aramuni debe destacarse la gestión llevada a cabo en 1942 con algunas personalidades de la CAC, con el propósito de construir un panteón en la capitalina necrópolis de Colón para los cristianos libaneses de Cuba.

 

Los inmigrantes de fe maronita eran los mayoritarios dentro de la CAC; constituyeron el 57,6% de los libaneses asentados en Cuba según el estudio muestral que hicimos basado en los formularios de matriculación archivados en el consulado libanés en La Habana.

 

Hubo un grupo de factores que impidieron que el maronitismo cubano se independizara y continuara su autonomía religiosa por largos períodos como sucedió en Argentina, México y otros estados latinoamericanos. Primeramente, debido a la existencia de una parroquia en la capital, en el corazón mismo del principal asentamiento arábigo en La Habana, donde los sacerdotes libaneses oficiaban como vicarios cooperadores o párrocos auxiliares, no prosperó la probabilidad de fundar una iglesia de denominación específicamente maronita.

 

En segunda instancia, no se produjo una transmisión de los rasgos rituales maronitas de padres a hijos, solo se registraron ejemplos aislados de cubanos descendientes que se declararon miembros de esa fe. En algunos casos, los descendientes de primera generación se reconocen en la actualidad como católicos y en otros, que conforman el grupo mayoritario, no se ha observado la práctica de religión alguna.

 

Como tercer aspecto es bueno significar que en 1960 cesó el envío de clérigos de fe maronita a la Isla, por lo que se debilita el carácter congregacionista de la comunidad religiosa, al despojarla de su instrucción teológica. Además, ese año ya había comenzado la emigración hacia otros países de muchos feligreses maronitas, comerciantes en su mayoría, a causa de las leyes revolucionarias de nacionalización, lo cual generó una disminución sensible del grupo religioso.

 

Respecto a la minoría musulmana asentada en Cuba como resultado de la inmigración desde el Medio Oriente, hemos corroborado que los sunitas libaneses eran nativos de algunos pueblos del Valle de la Bekaa, de Bar Elías y zonas cercanas a Trípoli y Beirut; los palestinos procedían de los poblados de Bet Ur, Beit Yala, Nablus, Arura, Ramala, Turmosaya. Los egipcios practicantes del sunismo eran naturales de Alejandría y Wadi Halfa.

 

Los musulmanes chiítas eran oriundos de aldeas campesinas del sur libanés. La mayoría de los miembros de este grupo entraron a Cuba en la oleada de 1920 a 1931 y en los primeros años de la década del 50.

 

La comunidad árabe musulmana fue muy inferior numéricamente a la cristiana y no sobrepasó el 30%. Existe un grupo de causas de la minoritaria presencia islámica entre los emigrados árabes a las Américas y su incapacidad para conformar un poderoso colectivo religioso. En primer lugar los inmigrantes musulmanes fueron incapaces de mantener sus tradiciones litúrgicas en una sociedad cristiana occidental. Además, es importante para un grupo de recién llegados constituir una fuerte colectividad si se quiere atraer la migración de otros correligionarios. La falta de liderazgo de las comunidades islámicas, así como la carencia de guía y apoyo, incidió en su debilidad y en su rápida declinación. Entre los inmigrantes árabes de fe musulmana hubo pocas mujeres, lo cual redujo la posibilidad de constituir familias como principal medio de transmisión de patrones y valores culturales. Estas razones coadyuvaron a que los inmigrantes islámicos fueran proclives a la conversión y la asimilación, y en ese sentido debe analizarse el proceso de desarrollo del referente islámico dentro de la inmigración árabe en Cuba.

 

Se trató de una comunidad en la que muchos de los individuos llegaban muy jóvenes a Cuba, solteros, con poca posibilidad de transmitir sus autóctonas reglas religiosas en un país de cultura occidental, heredero de la hispánica, donde lo musulmán era prácticamente un tabú y el Islam una religión totalmente desconocida por la población.

 

Hasta donde hemos verificado, los inmigrantes árabes musulmanes no lograron fundar una mezquita ni ninguna organización religiosa en nuestro país. El tipo de Islam que practicó un segmento de los portadores de esa fe en Cuba, en lo que a tipología de pertenencia religiosa se refiere, fue de rango doméstico o privado.

(Embajada de Cuba en Egipto) 31-05-2009

Otros aspectos de la conducta cultural del inmigrante

 

En el marco de la vida familiar los inmigrantes mantuvieron un grupo de costumbres típicas propias de su cultura de origen. Las tradiciones culinarias de la región libanesa, palestina y siria fueron seguidas en Cuba por los árabes, debido, en gran medida, a la existencia de establecimientos gastronómicos tradicionales que importaban los ingredientes necesarios para la preparación de los platos típicos. En ese tipo de comida regional son básicos componentes alimenticios corno el trigo (burgol), el carnero, la leche, el aceite de oliva y el pan, complemento indispensable de las comidas diarias.

 

Los platos principales de la cocina regional mantenida por el árabe en Cuba fueron el kibbeh, el hummus, la kafta, la berenjena rellena y otros cuya preparación fue transmitida a sus hijos y nietos, que aún conservan esa tradición.   En materia de repostería los árabes de la Isla adquirían en las dulcerías de sus paisanos o confeccionaban en sus casas los pasteles de hojaldre u otras delicias de los postres orientales.

 

Algunos árabes traían como parte de su equipaje un narguile.

 

El comportamiento de la enseñanza del idioma dentro de la CAC es otro elemento para tener en cuenta cuando se analiza la asimilación del colectivo, pues la lengua es uno de los elementos constitutivos de la transmisión cultural. Cuando este componente no se transmite de manera estable a los descendientes, se deshace la posibilidad de legar un vehículo clave de la cultura de la madre patria.

 

Un aspecto comprobado en el proceso de desarrollo de la CAC fue la deficiente enseñanza del idioma árabe de los padres a sus hijos. Entre las causas aducidas generalmente por los familiares de los inmigrantes se incluye la carencia de tiempo del padre para esa instrucción básica, pues se dedicaba esencialmente a las labores comerciales para asegurar la manutención de la familia. Esta deficiencia se observa principalmente en los hogares donde el matrimonio era mixto, lo cual permitía que se heredara únicamente la lengua de la madre criolla, que al cabo resultará determinante.

Solo en algunas familias de padre y madre árabes los hijos lograron aprender a comunicarse en la lengua ancestral.

 

Es cierto que generalmente todas las comunidades de inmigrantes de lengua distinta a la castellana no legaron a las generaciones siguientes el idioma ancestral, pero hubo colectividades como la china, en la cual los mecanismos de enseñanza fueron más eficientes y duraderos, lo que no ocurrió con la lengua arábiga.  Otro factor que contribuyó a la no transmisión de la lengua árabe fue la mayoritaria ausencia en los hogares del inmigrante de la figura del abuelo o anciano, quien podía aplicar un ortodoxismo más efectivo en la enseñanza del idioma a sus nietos cubanos.

 

Quizás una de las condiciones más favorables para la transmisión del árabe a un grupo al parecer minoritario de descendientes fue la efímera existencia de los colegios para niños en la década del 30. La información acerca del funcionamiento de estas escuelas es muy difusa, pero hay indicios de su operatividad durante el período mencionado. Se estima que posiblemente el primer lugar de nuestro país donde se enseñó la lengua árabe fue la Sociedad Palestina Árabe de Cuba.

 

Sin embargo, la vida de los colegios de lengua árabe quedó trunca prematuramente, y al no contar con los recursos necesarios y un apoyo más sostenido de las asociaciones, no concretaron el propósito de transmitir a la numerosa comunidad de descendientes la lengua hablada por sus ancestros. En 1943 monseñor Aramuni, refiriéndose a los miembros de la Sociedad Libanesa de La Habana, se lamentaba de que sus compatriotas no hablaran el idioma de sus progenitores. La CAC fue convirtiéndose paulatinamente en una colectividad cuyos miembros aprendieron la lengua castellana por motivos ocupacionales y para comunicarse con sus esposas, en caso de que fueran cubanas, y sus descendientes nacidos en la Isla. La élite étnica que ocupó puestos directivos en las asociaciones necesariamente tenía que hablar el idioma español para entenderse con las autoridades políticas de la sociedad receptora, lo cual quedó evidenciado en los reglamentos societarios. Además debe comprenderse que a los descendientes debió de inspirarles escasa motivación el aprendizaje del idioma de sus padres inmigrantes, porque no apreciaban (tampoco lo hacen en la actualidad) la necesidad de conocer una lengua que apenas tendrían la oportunidad de practicar.

 

 

 Comportamiento de la estructura familiar de los inmigrantes

Existieron árabes con el mismo apellido paterno que entraron a Cuba en una misma década y de manera escalonada, lo que corrobora el funcionamiento de la cadena migratoria para atraer a familiares y amigos.

 

La variada procedencia étnica y aldeana influyó en gran medida en la forma inicial de agrupación de los recién llegados. La pertenencia a comunidades tradicionales, vinculada a una economía, cultura y rito determinados, propició el mantenimiento durante algunas décadas de los matrimonios endogámicos, costumbre que fue variando debido a la imposibilidad de encontrar pareja dentro de la misma colectividad, y especialmente en la medida en que las generaciones de descendientes no vieron en el matrimonio endógeno la significación y tradicionalidad que tuvo para sus ancestros árabes.

 

El matrimonio, como base de la estructura familiar, constituyó en Cuba el núcleo vinculado a la tradición y los rasgos culturales del inmigrante. La endogamia matrimonial fue el componente predominante en las primeras décadas del proceso migratorio arábigo, y puede distinguirse en ella una variada clasificación:

 

l. La endogamia confesional: matrimonios celebrados entre miembros de un mismo colectivo religioso.

 

2. La endogamia étnica: matrimonios en los cuales los cónyuges son miembros de la CAC sin atender a la misma pertenencia religiosa o familiar.

 

3. La endogamia familiar: aquellos matrimonios efectuados entre primos de distintos grados.

 

Sin embargo, a partir de 1947 las actas de los archivos parroquiales seleccionados denotan un descenso notable del porcentaje de endogamia y un incremento de los matrimonios entre árabes y miembros del etnos cubano principalmente, al interactuar representantes de dos étnoses no ligados por su parentesco. A partir del desarrollo de esa mixtura étnica cuando comienza a producirse una asimilación y se constituye una nueva comunidad étnica, en este caso un conjunto de descendientes que son portadores de una nueva autoconciencia: la cubana.

(Embajada de Cuba en Egipto) 15-06-2009

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