UNIÓN ÁRABE DE CUBA

La comunidad cubano-árabe
mantiene sus vínculos filiales e históricos
con la patria de origen de sus antepasados

 

  

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Unión Árabe de Cuba

 Los Árabes en Cuba- Introducción del autor

Por Rigoberto Menéndez Paredes

 

 

Inicié mis estudios de lo árabe en Cuba por la historia de la comunidad de ese origen que, como el resto de las colectivi­dades extranjeras, dejó una huella en nuestra historia étnica. Pero la impronta de la civilización árabe en estas tierras insulares no se circunscribe al componente migratorio de los siglos más recientes; estaba precedida temporalmente ya por otros aportes que le otorgan a esa presencia una interesante policromía. Lo arábigo nos llegó primero por la colonización española: un poblamiento lamentablemente no muy docu­mentado de moriscos y beréberes; una arquitectura que aún luce la marca de lo hispanoárabe; un idioma cargado de arabismos que utilizamos en la vida diaria para comunicamos. Esta contribución que vino con el acer­vo cultural hispánico e incidió en Cuba desde los primeros siglos de la conquista es lo que denominamos la huella indi­recta de la cultura árabe, y la trato en un primer capítulo a modo de antecedente. La bibliografía disponible no es muy amplia y menos aún la documentación primaria, que debe ser más abundante en los archivos españoles.

 

Los restantes capítulos parten de mi tesis doctoral que versó acerca del proceso de origen, integración y asimilación de la comunidad árabe de Cuba (CAC) a través de varios indicadores, principalmente: perfil ocupacional, composición religiosa, comportamiento familiar y sociocultural. Esta colectividad comenzó su for­mación en el último tercio del siglo XIX y se consolidó en las décadas del 20 y el 30 de la siguiente centuria. Hemos exten­dido el período de análisis hasta el año 2004 con el fin de realizar una valoración más sistémica del desarrollo histórico de la referida agrupación étnica.

 

A fines de la etapa neocolonial, y más aún después del triun­fo revolucionario de 1959, proliferaron los trabajos de cam­po sobre algunas colectividades de extranjeros en el país: italianos, canarios, gallegos, asturianos, suecos, japoneses, indios, orientales y otros grupos. Dentro de esa óptica se abor­dó la presencia en Cuba de los inmigrantes árabes nacidos en los actuales territorios de Líbano, Palestina ocupada, Siria, Egipto y Jordania. Debe significarse que la primera publica­ción al respecto fue el libro Cuba y Líbano, editado en 1957 Y escrito por el descendiente de libanés Teófilo Haded Salomón, quien brindó interesantes informaciones sobre las colonias árabes en nuestra patria; pero fue en los últimos quince años cuando se profundizó en las investigaciones sobre la CAC, realizadas inicialmente por historiadores de formación orientalista graduados en Cuba y en la desapare­cida Unión Soviética.

 

Pese a que en 1999 se publicó un primer balance de los resultados de mi investigación sobre la impronta árabe en nuestra Isla bajo el título Componentes árabes en la cultura cubana (Menéndez, 1999), mi motivación por el tema se incrementó con la revisión de nuevas fuentes y la amplia­ción del proceso de entrevistas; esta indagación más pro­funda, que incluyó la experiencia de un viaje al área mesoriental en el año 2000 y el encuentro en Líbano con árabes que habían residido en Cuba, me animó a desarro­llar un estudio abarcador del asunto.

 

El libro actual aborda de forma amplia y detallada el renglón ocupacional, el estudio de las tipologías de matrimonio tra­dicional (tanto entre los maronitas como entre los musulma­nes) e igualmente la valoración de la conducta religiosa de la CAC en lo referente al comportamiento de los diversos sub­grupos confesionales. Asimismo otorgamos gran importan­cia al proceso de su integración y asimila­ción a la sociedad cubana.

 

Si se intentara buscar una huella del proceso migratorio que atrajo a nuestro país a miles de árabes, podríamos responder con una frase del narrador libanés Amin Maalouf, parte de cuya familia paterna emigró a la Isla: «...nuestras nacionalida­des dependen de fechas y de barcos. Lo único que nos vincula, por encima de los mares, por encima de la Babel de las len­guas, es el murmullo de un apellido».

 

Debo aclarar que por una elemental fidelidad a mi fervor por la figura y obra de José Martí, estimé oportuno incluir en un apéndice del libro el análisis de la que, en mi opinión, consti­tuye una de las más bellas crónicas de nuestro Apóstol sobre los países árabes, en este caso Egipto. Con ello intento refle­jar que la presencia de la cultura y la historia árabe en la prosa martiana es otro de los lazos que unen a Cuba con el fascinante mundo oriental.

 

 

Estas páginas, que he intentado ordenar para contri­buir a la investigación de la rica impronta árabe en Cuba, no son más que la confirmación de mi pasión insaciable por una cultura cautivante y el respeto por mi condición de historia­dor. Es también el resultado del cumplimiento de una sen­tencia de Fernando Ortiz que toda persona dada a los placeres del intelecto debe ejercer: ciencia, conciencia, paciencia.

(Embajada de Cuba en Egipto) 29-01-2009

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